NODOS: Mérida

P’áaytok’ (tumba, roza, quema)

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Mérida, Yucatán

Año: 2024

NODOS NODOS: Mérida

Planteamiento

En el 2012 el tiempo contemplado en uno de los calendarios mayas terminaba su ciclo. Esto fue interpretado por una mirada exotizante como una profecía del fin del mundo; sin embargo, para lxs antiguxs pobladorxs de la península de Yucatán el tiempo no era un fenómeno lineal sino cíclico: lo que acaba en realidad da paso a un comienzo. A cada fin corresponde un «p’áaytok’», el proceso de tumba, roza y quema de los cultivos luego de la cosecha que permite que la tierra se prepare para volver a rendir frutos. Aunque entonces el mundo no se acabó, nuestro pueblo vive finales día tras día. Hemos tenido que adaptarnos de forma resiliente a un sistema de castas que nos racializa, humilla y discrimina. Como consecuencia, hemos mutilado nuestra tierra, nuestra cosmovisión, nuestra lengua, nuestra cultura, negándonos incluso a nosotrxs mismxs para sobrevivir, pertenecer y permanecer.

A pesar de todo, sobreviven y permanecen nuestras raíces. Y cuando las raíces hablan, un estruendo suena. El día 4 de agosto de 2024, en la comunidad de Xocén, conocida como «u chúumuk lu’um» (el centro del mundo), la tierra se abrió y una gran ceiba de 200 años de antigüedad utilizada para los rituales de la comunidad se desplomó y se fue al inframundo. Esto en la comunidad ritual marca el inicio de una de las profecías más conocidas en la cosmoexistencia maya: «cuando el cielo se desplome aparecerá una mujer de edad madura (X´nuk), la cual venderá el agua del cenote en cáscaras de cocoyol, por cada porción de agua tendrás que darle a tu hijo a cambio como pago».(1)

En este presente, en el que nuestro territorio se oferta como un paraíso, cada porción de agua y de tierra tiene un costo y una plusvalía. Padecemos las lógicas del desarrollo y las consecuentes modificaciones a las formas de vida que no corresponden a los objetivos de cierta idea de modernidad. Pero el valor de nuestra tierra es también otro, es lugar de piedra y agua en el que los montículos y templos nos recuerdan más de 3 mil años de historia que se cuentan en múltiples voces que nos conectan con sacralidades antiguas y nos señalan las problemáticas y crisis presentes. Ante la destrucción del mundo, la creación desde esas voces originarias modela el futuro de sus narrativas, de su autodefinición.

La tierra nos está haciendo un reclamo. Para nosotrxs es inevitable pensar en el fin del mundo y asumimos también nuestra responsabilidad y complicidades con aquello que lo ocasiona. Las comunidades mayas estamos hartas de la extracción de nuestros recursos naturales, de nuestros saberes y del poco respeto que han tenido hacia nuestra vida. «¡Je’ ku taal le dzulo!» (¡cuídate del hombre blanco!). El mundo se acaba y el pueblo maya despierta. Lo hace vigilante y en pie de lucha ante aquello que lo amenaza y que aniquila su cotidiano presente. A veces las realidades se trastocan, las ceibas caen, se vuelven obvias las desigualdades y se hacen visibles los abismos. Pero algunos colapsos dejan ruinas y los escombros se vuelven cimientos firmes o llanos fértiles para sembrar.

En este sentido, es necesario repensar lo común y esto implica cuestionar también las prácticas del arte contemporáneo y a lxs agentes culturales que convergen en esta región. El fin del mundo que aquí proponemos se sustenta sobre el concepto «p’áaytok’». No se trata de quemar las naves sino de preparar el terreno para una nueva siembra, y poner la atención en quienes generalmente han llevado sobre sus hombros el peso de esta empresa. Lejos de imponer nuevos límites y marcar diferencias, se trata de prestar atención a las experiencias de quienes viven y habitan en la región, excluidxs históricamente por el racismo institucional; portadorxs de mentes, cuerpxs y lenguajes que reverberan también desde el arte contemporáneo peleando por su visibilización.

Deseamos que los espacios de reflexión propuestos para Nodos: Mérida 2 | P’aaytok’ (tumba, roza, quema) resuenen en conversaciones colectivas y sirvan de semilla para procesos comunitarios y alianzas afectivas que permitan abrir preguntas: ¿cómo podemos situar el conocimiento de lxs trabajadores culturales de la región peninsular?, ¿cómo tomar consciencia del marco desde donde unx investiga o se inspira?, ¿cómo plantear relaciones lejos del extractivismo y la jerarquía? «P’áaytok» para reflexionar acerca del mundo maya actual que se acaba y resurge en maneras críticas y creativas. Acabar con el mundo para, en comunidad, imaginar otros universos y promover otras formas de preservar, continuar y engrandecer el importante legado de un pueblo vivo con el que convivimos día a día, aunque esquivemos su mirada forzándola a no levantarse del suelo. Sin embargo, desde ahí, esta mirada sigue las raíces que abren las piedras para que caiga la gran ceiba, sumiéndola en las aguas oscuras de las que surgirá la gran serpiente que ahí debajo duerme. Y los dueños de esos ojos, junto a la serpiente, ahora se dirigirán al mar. Ahí descansarán un breve tiempo porque ya no tienen espacios que habitar. Y luego todo se secará. Y la serpiente saldrá. Y se comerá al sol. Y todo empezará de nuevo. Y las miradas de unxs y otrxs por fin se encontrarán.

1. «Mito de Tzcan», testimonio oral de la Sra. Estebana Huchin.

Comité de contenidos

Facilitadorxs invitadxs

Relatorxs