NODOS: Cd. Nezahualcóyotl
Desierto de sal
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Cd. Nezahualcóyotl
Año: 2025
Planteamiento
«¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra?», se preguntaba Nezahualcóyotl en uno de sus poemas. «No para siempre en la tierra: sólo un poco aquí»(1), contesta. Cobrando conciencia de la muerte, la melancolía del rey poeta confronta esa gran velocidad con la que pasa la vida en el territorio que hoy lleva su nombre. Cd. Nezahualcóyotl es una de las últimas ciudades construidas sobre el Lago de Texcoco y es el producto de una acumulación de distintos «aquí» que tuvieron, uno a uno, su propio final. Cuando el tiempo del lago se agotó, este territorio pasó a ser conocido como un desierto de sal pues, al evaporarse el agua, el suelo quedó cubierto de este mineral y la vida pareció imposible por un momento. La inviabilidad de la siembra propició su transformación en un enorme basurero, con la basura llegaron los perros, y luego los montones de gente que autoconstruyeron todas esas casas que hoy hacen de este municipio —de apenas 62 años y 63 km2 de extensión—, uno de los más densamente poblados de todo el país.
Neza es un lugar del que se dicen muchas cosas, pero ¿qué dice Neza de nosotrxs mismxs? ¿Cómo construimos los relatos colectivos sobre los cuales se afinca nuestra identidad? Aunque se trata de una ciudad joven, nos reconocemos como parte de una historia que se extiende lejos en el tiempo. En ese sentido, «Nodos: Cd. Nezahualcóyotl | Desierto de sal» es una invitación a recordar nuestro origen y el de nuestro territorio, y para honrar también lo que en él ya no existe. Un intento por entender las formas particulares en las que aquí preservamos nuestra memoria, al mismo tiempo que revitalizamos la que es desdeñada por otrxs. Teniendo la memoria y el archivo como inquietudes principales, construimos aquí un relato colectivo con base en lo anecdótico, en el que proponemos tres núcleos temáticos y de actividades que dan cuenta de lo que el territorio tiene que decir sobre nosotrxs mismxs y cómo esto nos acerca como comunidad.
Nezalitre
«No había nada, sólo polvo y sal», mi mamá suele usar esas palabras para recordar su llegada a Neza. También nos platica que en ese desierto se formaban grandes remolinos que levantaban los techos de lámina de las casas. Mis tías dicen que hasta niños se llevaban. Sobre ese suelo de sal mi familia construyó su casa. Al poco tiempo, el mineral se hizo presente en forma de salitre que amenazaba con destruir las paredes. Se corrió el rumor de que las bolsas de la leche Conasupo colocadas en los cimientos ayudaban a contener su avance, pero en realidad el salitre siempre termina apareciendo. A veces se nos olvida que la sal es el recuerdo de un lago y no de un desierto. En ese mismo suelo salitroso se realizará esta vez el programa Nodos.
Para hablar de la memoria del lago sobre el que fue hecha nuestra ciudad y de los recuerdos de quienes encontraron aquí un desierto, decidimos invitar a Adriana Salazar, quien realizó el proyecto de investigación Enciclopedia de las cosas vivas y muertas del Lago de Texcoco; y a Verónica Gerber Bicecci, quien indagará sobre la memoria a partir de la diversidad de archivos, alimentados principalmente por los habitantes de la ciudad.
Echar la sal
Hemos estado saladxs toda la vida. Algunxs supersticiosxs dirán que eso es cargar con malos augurios, pero nosotrxs sabemos que hace tiempo el territorio nos pagó así, con sal. Desde entonces hemos aprendido a germinar en una tierra que se pensaba inhóspita, de la misma manera que decidimos ser artistas en un municipio sin museos.
Aunque sabemos andar a contracorriente, somos conscientes de que hay más artistas que becas, residencias y coleccionistas. El desbalance entre oferta y demanda en el sistema artístico que compartimos con la Ciudad de México hace de la competencia una práctica difícil de evadir. Hacerse cargo de nuestras propias tristezas y alegrías —en paralelo a pagar la renta y producir— es abrumador.
Invitamos a Icosaedro Ensamblaje y a la artista Alma Camelia para generar un taller-ritual de protección, un círculo de sal que combata la mala suerte profesional, que nos proteja de pensamientos intrusivos y síndromes del impostor, pero también contra delirios de grandeza y posturas de genio incomprendido. Nos interesa promover un espacio para compartir herramientas útiles, accesibles, replicables y adaptables, desde nuestro propio lugar y tiempo, para seguir insistiendo sobre nuestros haceres artísticos.
Sal con tiempo
No salir de Neza fue una decisión mía, aunque en realidad yo vivo en la frontera con Iztapalapa. A mí no me costaba trabajo ir y venir de la ciudad porque agarraba mis patines, cruzaba el camellón y ya estaba allí. Luego la gente se queja porque cruzar es un problema, por su trabajo, por la escuela. Yo nunca he visto el ser artista como un trabajo, es mi vida. De hecho, podría decir que nunca he trabajado, pero llevo 18 años actuando, bailando y pintando. Existimos distintos tipos de artistas y vemos de distinta manera la vida. Aunque no haya cercanía entre nosotros, el encuentro siempre va a ser importante. Yo cruzaba la frontera entre la ciudad y Neza precisamente para convertirme en artista y estar con otros artistas, sentarme en la banqueta y platicar. Y eso valía la pena, no era pesado.
El arte me ha salvado de todo. Es mi espacio. En la vida todo me sale mal, pero en escena me sale bien. En la danza contemporánea hay una técnica que se llama «passing through» en la que el bailarín se mueve en sentido contrario al de otros cuerpos; por ejemplo, en la calle entre la multitud. No se trata de ir en contra del flujo que sigue la demás gente, sino que, al verlos de frente, eres consciente del espacio que le dejan los otros a tu cuerpo y te vuelves una mantequilla que se reacciona a los huecos que te quedan, acomodándose o también afectándolos, quizás deteniéndolos. El arte aquí es una forma de hacer lo mismo, de parar o adecuarse al flujo de las cosas, para que la gente podamos verlas de una manera más divertida y encontrar nuestro lugar.
Para hablar de la condición de frontera de Neza, de la forma en la que la recorremos, y de la relación que esto tiene con nuestra forma de experimentar el tiempo —pero también para relajarnos, mirar nuestro territorio, mapearlo con otros, abriendo espacios para un respiro—, invitamos a la Cooperactiva, un colectivo de Pachuca, Hidalgo, que trabaja creando relatos comunitarios con la historia socioambiental de su lugar.
La idea de todo esto es venir, disfrutar y despertar la tranquilidad, que luego aquí ya no hay.
1. León-Portilla, Miguel. «Quince poetas del mundo náhuatl». Ciudad de México: Océano, 1994, p. 79.
Comité de contenidos
Galería Mal d3 ojo (Tonatiuh Cabello y Sonia Madrigal)
CANALLA (Gabriela Sandoval y Pamela Zeferino)
Fosa Común (Marcelo Cerón)
Tonatiuh López (interlocutor del PAC)
Facilitadorxs invitadxs
Verónica Gerber Bicecci
Adriana Salazar
Cooperactiva (Salma Cruz y Alan Santana)
Alma Camelia e Icosaedro Ensamblaje (Cecil Bolaños y Gabriela Sandoval)
Comité de programa público
Proyectos Puente (Klausen Baena, Brandon Morales e Iván Valencia)
NIXXXON (Hernán Cortés)
Galería Tianguis Neza (Luis Valverde)
Relatorxs
Alfredo Aranda de la Rosa